miércoles, 21 de enero de 2015

LAS VERTIENTES DEL ADEPTO

Si durante los dos cursos anteriores la propuesta a trabajar fue la sencillez, lo escueto y simplificado, explicado a través de ikkyo, en este último las técnicas surgen con una mayor luminosidad, más que técnicas son símbolos de una idea, de un trabajo que rompe con la figura establecida por la sociedad del mito-fuerza.

Es una afirmación de valores tales como movilidad, desequilibrio, espiral; nada estático, todo gira alrededor del movimiento y sus consecuencias, todo ello sincronizado con una respiración silenciosa y nada agitada.

La técnica ha de surgir de la limpieza de pensamiento, en ella no hay tensiones ni estigmas, sino que vibra al ritmo del alma, enraizando  el espíritu y la técnica con el movimiento.

Los kokyunage, tenchinage y koshinage son producto de un trabajo refinado y exquisito, desarrollado mediante posturas móviles, y ejecutados a través de unas proyecciones impecables. El trabajo de Aite; reagruparse y recuperar su centro, evitando en lo posible y de forma noble el ser neutralizado.

Para poder realizar este tipo de propuesta, tanto uke como tori han de tener un espíritu totalmente disponible, cambiante y adaptable a las nuevas situaciones que provoca un combate real. Ante el ataque se responde con agilidad y flexibilidad, olvidando toda resistencia, vaciándola, haciéndola incorpórea y llegando a un estado de percepción e intuición que te permita moverte en el espacio-tiempo, en el instante preciso.

Los ataques realizados son libres, y se realizan al antojo de uke con el objetivo de reeducar los instintos, librándonos del miedo a ser golpeado, al ukemi y a la presa, de tal forma que sólo rindiéndonos con agilidad conseguimos controlar la violencia del adversario, sorprendiéndonos al observar como nuestras reacciones instintivas más atávicas son dominadas, ya sean estas; la resistencia, el bloqueo o la rigidez de nuestros miembros, consiguiendo la no forma, pero a través de una presencia absoluta.

Se trata de tener en cuenta que la mente analítica es demasiado lenta para el combate, intentando conseguir como objetivo del curso el dinamismo preciso en la ejecución de las técnicas mediante la liberación de los instintos, no encerrándolos sino sirviéndonos de ellos, y trascender de esta forma al pensamiento, a la ilusión, no aferrándote a las apariencias y de esta forma conseguir la posición precisa en el momento y lugar adecuado.

Pero el camino no es la predisposición sino el vacío, olvidar el pensamiento para lograr moverte con el todo, esa es la senda del adepto y ese el motivo de este tercer curso de nivel avanzado para yudanshas.

Acabar esta pequeña exposición con un sincero agradecimiento a Bruno Balaguer, por habernos brindado este curso de forma totalmente desinteresada, habiendo sido todo un lujo el haber trabajado con él.

                X  Julio Maestre.



1 comentario:

FRAN GÓMEZ dijo...

Julio, las palabras aquí detalladas, la descripción que ha fluido desde tu pensamiento hasta plasmarlo aquí hace honor a tu apellido, un Maestre ;-)