Sergio Azorín i Marco Antonio Montava reben el 4t i 3r Dan
viernes, 23 de junio de 2023
domingo, 2 de octubre de 2022
miércoles, 27 de junio de 2018
Homenaje a Jose Balaguer y Antonio Nadal
Ascensión al Puig Campana
(Marina Baixa, 1.408 msnm)
Dificultad: Alta. Subida por sendero de pendiente elevada y por tramos de roquedo.
Esfuerzo físico de moderado a alto.
Tiempo efectivo: 6 horas.
Distancia: 14,6 kilómetros.
Desnivel: 1.100 metros.
Salida de Alcoy: 6.30h desde la gasolinera Bou.
Destino: Font del Molí (Finestrat) - Posibles rutas en coche (Google Maps)
MUY IMPORTANTE LLEVAR:
- 3L de agua por persona.
- Gorra y protector solar.
- Ropa deportiva y calzado adecuado para la montaña.
- Almuerzo.
- Comida "de sobaquillo" y bebida en nevera (para dejar en el coche y comer al finalizar la ruta).
Siempre ha sido nuestro amigo y compañero Antonio el encargado de guiarnos a la cima de las distintas cumbres de la provincia para hacer homenaje al fallecido Jose Balaguer. Esta vez no será él quien nos guíe, pero cumpliremos su intención y deseo de subir a la segunda cima más alta de la provincia, el Puig Campana. De esa manera, quizás la corone junto a nosotros.
El macizo rocoso del Puig Campana, situado muy cerca de la costa y con una cota máxima de 1.408 metros, se alza imponente sobre el perfil del paisaje circundante, sólo superado por la vecina Sierra de Aitana. El camino a su cima comienza cerca de la Font del Molí, que con sus caños provee ánimo para la ida y promete alivio al regreso. Tras caminar unos metros por carretera, pronto encontramos el PR-289, que se divide en dos senderos para rodear el Puig Campana en una ruta circular. Tomaremos el camino de la izquierda.
Nuestros primeros pasos los haremos al cobijo de un pequeño bosquete de pinos que dejará paso más adelante a un trecho de bancales en los que se nota claramente el efecto del incendio de 2009, con esqueletos de árboles quemados aquí y allá. A pesar de todo, como siempre, la vida se abre paso. Veremos que el nuevo matorral y los primeros pinos se han desarrollado, tiñendo de verde el paisaje otra vez.
Tras pasar por el collado del Volador, caminaremos ascendiendo a ritmo constante por la umbría del Puig, pasando por el refugio Jose Manuel Vera Catral y llegando al fin al Collado del Pouet, a una altitud de unos 900 m.
Desde este punto, se puede subir al vecino monte Ponoig o bien continuar por el sendero PR-289. Recorreremos un tramo de éste hasta el comienzo del Sendero Botánico, que nos llevará a la cima del Puig Campana. El camino hacia la cima será, cuanto menos, exigente, pues ascenderemos unos 500 m de desnivel en tan sólo 2 km. Aquellos que así lo elijan, pueden esperar en el Collado del Pouet al grupo que ascienda o bien pueden visitar la Font de la
Solsida, a tan solo 20 minutos por el mismo PR-289. Aunque no tiene agua, el paisaje que presenta es digno de
admirar, con su pared de roca cubierta por la hiedra.
El camino de ascenso hacia la cima se adentra suavemente en el bosque al inicio, para dar paso luego a un sendero zigzagueante que atraviesa un pedregal de elevada pendiente, que pondrá a prueba el equilibrio y la resistencia de los aventureros. Eso sí, como premio, las vistas serán inigualables y a nuestro paso atravesaremos una micorreserva de flora, con especies propias de roquedos. En nuestro camino, nos acompañarán ejemplares de caducifolios y arbustos que sorprende encontrar tan al sur. Son las condiciones de la umbría las que permiten que estas especies crezcan y prosperen en la pendiente rocosa.
Al llegar al Bancal del Moro, la parte más dura de la ruta habrá quedado atrás, y desde aquí sólo nos quedarán unos 900 m hasta la cima, que domina el paisaje con orgullo; a un lado el mar y la costa; al otro, la Sierra de Aitana y el resto de montes, que desde aquí parecen muy pequeños. Es aquí donde colocaremos la placa conmemorativa para nuestros amigos y hermanos Jose y Antonio.
El camino de regreso lo haremos por el mismo sendero, deshaciendo nuestros pasos hasta llegar al inicio, donde podremos comer todos juntos, descansar y disfrutar de la mutua compañía.
Fotos: Naïm Álvarez
Texto: Encarni Rico
martes, 30 de enero de 2018
Lo que nos ofrece el silencio
Octavio se sumerge profundo para narrar en nuestro interior otras
sensaciones, otra gramática, logrando acallar nuestros ruidos,
sumergiéndonos en el silencio del Budo. Busca la marcialidad mediante
movimientos que exaltan la eficiencia de los movimientos, en un
ejercicio que siempre muestra la exigencia de la técnica que impone en
su trabajo, mediante gestos claros y minimalistas, desprovistos de toda
pretensión.
Nos transmite que la falta de entrenamiento es el peor enemigo, ya que enfría el gesto, difumina los movimientos y olvida la técnica. Su kamae transmite una técnica de tal fuerza y movilidad, que no encuentra otra forma de expresarse que no sea la acción rotunda y determinista; engendra un sentimiento de asombro, de perturbación que revela el choque violento entre una fuerza que se manifiesta y explota, y una forma que no alcanza a contenerla. Son movimientos que no pueden representarse de modo más sensible que mediante el arte del aikido.
Como decía Kant, el arte tiene que ser grande, con pocos adornos, más bien tirando a austero. Viendo pues su aikido, uno siente la pequeñez de lo ordinario y empieza a experimentar la elevación del espíritu, se empieza a vislumbrar la ansiada unidad.
Son movimientos que componen un conjunto que podría entenderse como una especie de tratado visual de la marcialidad en su categoría dinámica. Su clase insiste en mostrar o representar constantemente aquello que despierta el movimiento: recreándose en el ma-ai, de-ai y zanshin como si de paisajes inmensos se tratarán, siempre perdidos en medio de ese espacio natural que nos engulle, capitulando a su superioridad, planteándonos que es la simple espera la que genera el momento, esa alteración de los sentidos que te incitan a actuar, a usar la técnica.
A partir de sus movimientos podemos ver como se despliega todo un sinfín de referencias técnicas, gestos y acciones, mezclando tiempos con la libertad que se auto-permite: desde kokyunages a iriminages, iconos del aikido, simbolismo y clasicismo todo en uno, emprendiendo un camino de reencuentro con el origen, aportando novedades o prolongando los efectos del pasado como sí una línea imaginaria nos uniera a él.
Con su técnica logra expresar la nobleza del aikido a partir de sinceras sugerencias, sutiles gestos y una carga de pureza marcial. Vemos pues que el tiempo no ha pasado en vano para este artista marcial que ha conseguido encontrar todas las dobleces de este complejo budo, logrando una interpretación de la técnica sin fisuras, sobresaliente. Es cierto que se le ve cómodo en el tatami, incluso cuando la clase decae por el cansancio acumulado y vuelve a conseguir que se calienten las ascuas cuidando cada gesto, sabiendo encontrar un sentido radicalmente nuevo en cada momento del curso, mostrando así una amplia experiencia docente.
Bruno construye su clase con la exactitud de un arquitecto, consigue de nuevo sorprender a través de una expresividad muy particular obtenida mediante la sutileza armónica y su inteligente uso de la forma continua y la unión de los opuestos, que no suele ser agresiva ni atormentada como corresponde a los cánones de las otras artes marciales, sino siendo paradójicamente todo lo contrario, combinando sencillamente formas, técnicas, gestos y estados de ánimo: la experiencia estética de la unión de los contrarios a través de katate ryote dori. Centra la unión de la acción a través de una nueva gestualidad, no es la acción idealizada desde la estética del movimiento, ni del comportamiento del cuerpo ante las leyes físicas que lo atrapan y de las que intentamos liberarnos con gestos exagerados: es la pulsión misma, la energía de la inhalación y exhalación, la que nos lleva a aceptar la subjetividad del movimiento y su significado alternativo en el aikido.
Se llega a entrever en su trabajo como transforma el gesto de entidad cerebral ha hecho marcial, logrando ese equilibrio entre la experiencia de vivir atrapado en un cuerpo y la de convivir con todo aquello que te rodea, es un cuerpo que se mueve y crea conocimiento definiendo lo que podríamos denominar la arquitectura interior del aikido: distancias que median entre oponentes y obstáculos, desplazamientos que van configurando estructuras, significados que emergen de la organización general del movimiento.
Es un aikido que mira detrás de las máscaras que llevamos puestas, y descubre nuestras ansias y estados emocionales, aquello que preferimos esconder. Su propuesta rompe el esquema al que nos tienen acostumbrados otros maestros, especialmente porque se aleja de las creaciones en las cuales el diseño del movimiento espiral, es preponderante, y cuyas resoluciones en mayor medida son exageradas, llevándonos a movimientos más lineales y efectivos.
Es un curso que te llena, experto en captar la imagen intangible del momento. Logran integrarse completamente a través del silencio, hasta hacerse invisibles. Para mí, eso es ser un maestro. La tarea que nos propusieron es simple. Todo consiste en estar aquí, continuamente en actitud presente, sin desear nada, sin querer hacer nada, con tu deseo en cada respiración, en cada gesto…
Nos transmite que la falta de entrenamiento es el peor enemigo, ya que enfría el gesto, difumina los movimientos y olvida la técnica. Su kamae transmite una técnica de tal fuerza y movilidad, que no encuentra otra forma de expresarse que no sea la acción rotunda y determinista; engendra un sentimiento de asombro, de perturbación que revela el choque violento entre una fuerza que se manifiesta y explota, y una forma que no alcanza a contenerla. Son movimientos que no pueden representarse de modo más sensible que mediante el arte del aikido.
Como decía Kant, el arte tiene que ser grande, con pocos adornos, más bien tirando a austero. Viendo pues su aikido, uno siente la pequeñez de lo ordinario y empieza a experimentar la elevación del espíritu, se empieza a vislumbrar la ansiada unidad.
Son movimientos que componen un conjunto que podría entenderse como una especie de tratado visual de la marcialidad en su categoría dinámica. Su clase insiste en mostrar o representar constantemente aquello que despierta el movimiento: recreándose en el ma-ai, de-ai y zanshin como si de paisajes inmensos se tratarán, siempre perdidos en medio de ese espacio natural que nos engulle, capitulando a su superioridad, planteándonos que es la simple espera la que genera el momento, esa alteración de los sentidos que te incitan a actuar, a usar la técnica.
A partir de sus movimientos podemos ver como se despliega todo un sinfín de referencias técnicas, gestos y acciones, mezclando tiempos con la libertad que se auto-permite: desde kokyunages a iriminages, iconos del aikido, simbolismo y clasicismo todo en uno, emprendiendo un camino de reencuentro con el origen, aportando novedades o prolongando los efectos del pasado como sí una línea imaginaria nos uniera a él.
Con su técnica logra expresar la nobleza del aikido a partir de sinceras sugerencias, sutiles gestos y una carga de pureza marcial. Vemos pues que el tiempo no ha pasado en vano para este artista marcial que ha conseguido encontrar todas las dobleces de este complejo budo, logrando una interpretación de la técnica sin fisuras, sobresaliente. Es cierto que se le ve cómodo en el tatami, incluso cuando la clase decae por el cansancio acumulado y vuelve a conseguir que se calienten las ascuas cuidando cada gesto, sabiendo encontrar un sentido radicalmente nuevo en cada momento del curso, mostrando así una amplia experiencia docente.
Bruno construye su clase con la exactitud de un arquitecto, consigue de nuevo sorprender a través de una expresividad muy particular obtenida mediante la sutileza armónica y su inteligente uso de la forma continua y la unión de los opuestos, que no suele ser agresiva ni atormentada como corresponde a los cánones de las otras artes marciales, sino siendo paradójicamente todo lo contrario, combinando sencillamente formas, técnicas, gestos y estados de ánimo: la experiencia estética de la unión de los contrarios a través de katate ryote dori. Centra la unión de la acción a través de una nueva gestualidad, no es la acción idealizada desde la estética del movimiento, ni del comportamiento del cuerpo ante las leyes físicas que lo atrapan y de las que intentamos liberarnos con gestos exagerados: es la pulsión misma, la energía de la inhalación y exhalación, la que nos lleva a aceptar la subjetividad del movimiento y su significado alternativo en el aikido.
Se llega a entrever en su trabajo como transforma el gesto de entidad cerebral ha hecho marcial, logrando ese equilibrio entre la experiencia de vivir atrapado en un cuerpo y la de convivir con todo aquello que te rodea, es un cuerpo que se mueve y crea conocimiento definiendo lo que podríamos denominar la arquitectura interior del aikido: distancias que median entre oponentes y obstáculos, desplazamientos que van configurando estructuras, significados que emergen de la organización general del movimiento.
Es un aikido que mira detrás de las máscaras que llevamos puestas, y descubre nuestras ansias y estados emocionales, aquello que preferimos esconder. Su propuesta rompe el esquema al que nos tienen acostumbrados otros maestros, especialmente porque se aleja de las creaciones en las cuales el diseño del movimiento espiral, es preponderante, y cuyas resoluciones en mayor medida son exageradas, llevándonos a movimientos más lineales y efectivos.
Es un curso que te llena, experto en captar la imagen intangible del momento. Logran integrarse completamente a través del silencio, hasta hacerse invisibles. Para mí, eso es ser un maestro. La tarea que nos propusieron es simple. Todo consiste en estar aquí, continuamente en actitud presente, sin desear nada, sin querer hacer nada, con tu deseo en cada respiración, en cada gesto…
Interminable camino el que llevo,
que nunca termina,
donde el no ser empieza
eternamente a ser
pura inminencia.
que nunca termina,
donde el no ser empieza
eternamente a ser
pura inminencia.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Voluntad y fe
Prueba de la Hakama de Raúl Jesús (Noviembre 2017)
Mi trabajo para prepararla empezó convirtiéndose en algo exclusivamente físico. Tardé algo más en entender que podría llegar muy bien físicamente a la prueba pero que sería necesario trabajar otros aspectos, ya que no se puede olvidar que el cuerpo está totalmente subordinado a nuestra mente. Así empecé a tomar conciencia de ello y traté de mantener mi mente aislada, de no permitir que se instalaran pensamientos negativos, derrotistas. Después de algunos simulacros, volví e replantearme mi trabajo para la prueba. Durante los simulacros me disipaba intentando mejorar, analizar, buscar perfeccionar la caída. Pero esto me llevaba a perder la concentración, la respiración; en definitiva, me alejaba de una armonía ya de por sí bastante distante. Pensaba en el golpe seco del impacto, en mi manera de saltar, dejar hacer a tori, sujetar firme la muñeca de tori, levantarme con marcialidad, mantener una expresión marcial, no parecer cansado, etc. Con todo esto, se me hacía muy difícil coordinarme, así que acabé por entender que el trabajo de uke no iba consolidarse en esta prueba, que iría evolucionando poco a poco con el trabajo diario, la constancia y la búsqueda personal. La prueba de la hakama no debía ser un momento de análisis; debía darlo todo mí y para conseguirlo tan solo era necesario no pensar en nada, concentrarme en mi respiración y levantarme de nuevo. Con esta actitud avancé hacía el centro del tatami y saludé a tori.
Mi trabajo para prepararla empezó convirtiéndose en algo exclusivamente físico. Tardé algo más en entender que podría llegar muy bien físicamente a la prueba pero que sería necesario trabajar otros aspectos, ya que no se puede olvidar que el cuerpo está totalmente subordinado a nuestra mente. Así empecé a tomar conciencia de ello y traté de mantener mi mente aislada, de no permitir que se instalaran pensamientos negativos, derrotistas. Después de algunos simulacros, volví e replantearme mi trabajo para la prueba. Durante los simulacros me disipaba intentando mejorar, analizar, buscar perfeccionar la caída. Pero esto me llevaba a perder la concentración, la respiración; en definitiva, me alejaba de una armonía ya de por sí bastante distante. Pensaba en el golpe seco del impacto, en mi manera de saltar, dejar hacer a tori, sujetar firme la muñeca de tori, levantarme con marcialidad, mantener una expresión marcial, no parecer cansado, etc. Con todo esto, se me hacía muy difícil coordinarme, así que acabé por entender que el trabajo de uke no iba consolidarse en esta prueba, que iría evolucionando poco a poco con el trabajo diario, la constancia y la búsqueda personal. La prueba de la hakama no debía ser un momento de análisis; debía darlo todo mí y para conseguirlo tan solo era necesario no pensar en nada, concentrarme en mi respiración y levantarme de nuevo. Con esta actitud avancé hacía el centro del tatami y saludé a tori.
Creo que el maestro
sabía con antelación cuál era mi trabajo. Que mi mente estaba
acuartelada en mi condición física y mientras pudiera dosificar mis
fuerzas no tendría problemas. Así, poco a poco y de una manera constante,
supo someter, rendir mi fortaleza física para desnudarme de ella y
enfrentarme así a la última prueba abatido, agotado, consumido por la
entrega, extenuado pero sin rendirme. En las últimas técnicas antes de la
prueba final trabajé con él, y con otros compañeros que se presentan a
examen de Dan. No existía posibilidad de dosificar ni guardar nada, se
lo debía a mis compañeros y… todos sabemos que cuando realizamos alguna
técnica con Bruno intentamos ser más fluidos, más marciales, mejor de lo
que somos y lo damos todo, así fue como sin pensar en lo que quedaba
ni lo que vendría apure mis últimas fuerzas con ellos. Cuando terminé
las técnicas y me senté en seiza pensé que vendría otra técnica más y con
suerte podría recuperar un poco de aliento. Sentía el corazón golpear en
mi pecho, me faltaba el aire, me empecé a sentir molestias en muñecas,
tobillos, y rodilla, pero pensaba que tras unos minutos para tomar el
aire y bajar pulsaciones podría seguir un pelín más. En ese momento,
abstraído y apresurado por recomponerme mis pedazos, Bruno me llamó para
salir y terminar con la última prueba.
En ese
momento se me cayó el mundo encima. No podía rendirme, pero estaba
extenuado; las pulsaciones las tenía muy altas. Mi mente ya sin ninguna
custodia física se enfrentaba a esta última prueba, la verdadera
prueba. La lucha con uno mismo. Es ahí, en ese momento, cuando mi
compañero, una vez más, entró en escena para liquidar, para lidiar con
lo que quedaba de mí. Tras unos cuantos kokyunages, empecé a sentir el
agotamiento como una losa, el dolor, caída tras caída se iba instalando en cada parte de mi cuerpo. Ése era el momento que temía y esperaba, mi
cometido, mi trabajo: bloquear, aislarme de esa fatídica sensación.
Desactivar los sensores de mi mente y dejando tan solo uno, el único
necesario que como un mantra repiqueteaba en mi mente "Levántate". No
había ni rastro de marcialidad, ni elegancia, ni rastro de lo que era
cuando empecé. Empecé a escuchar palabras de ánimo. Sabía que llevaba
muy pocas caídas aún, no sabía cómo iba a llegar al mínimo que esperaba
pero mientras tuviera fuerzas, aun lentamente, de forma ortopédica y con
la cara desencajada por el esfuerzo, seguiría hasta que no pudiera más.
Y así lo hice hasta que oí la palmada del maestro que ponía fin a mi
prueba.
Mi prueba de Hakama ha sido una lucha
contra mis límites pero no físicos; ha sido un encuentro con ese yo que
mantenía guarecido y que no conocía. Bruno me acercó a él, me lo
presentó. El encuentro con nuestra voluntad de seguir, con el deseo de
no desfallecer, la ausencia de opción a rendirse. La fe en el éxito si
lo has dado todo día tras día, en cada entreno, porque mi combate
seguramente ya está decidido antes de llevarse a cabo y yo sin saberlo.
Con esas pequeñas e insignificantes victorias diarias, contra la pereza,
contra el cansancio, contra la desidia y sobre todo contra la
frustración diaria entrenar y sentir que no acabar de salir nada bien
pero… volver otro día más para volverlo a intentar.
Durante
estos casi 3 años en el Club, la hakama ha ido adquiriendo un sentido
para mí, como adhiriéndose a ella diferentes significados a parte de los
ya tradicionales del budo. Para mí, la hakama significa aprender a
levantarse, es compañerismo; es ilusión y perseverancia; es entrega y
obstinación; es mejorar, continuar y ser paciente. También significa
negociar con la frustración de sentir que no se avanza, con el
estancamiento, de que no sale nada, de que se va hacia atrás, incluso de
sentir que uno acaba de encajar. Para mí la hakama son emociones de
todo tipo con las que tengo que lidiar. Pero lo más importante es que
significa haber tenido la oportunidad durante este tiempo de conocer y
compartir entrenos y momentos con gente tan maravillosa.
En
el Club Aikido Alcoy, esta prueba tiene una carga simbólica muy potente
para todos nosotros, la esperamos con nerviosismo y la tememos con
mucho respeto. Representa nuestro compromiso con el aikido, la voluntad
en nuestro propósito de continuar en este tránsito y peregrinaje tan
personal. La última parada previa al Shodan, tiempo breve de reflexión y
de coger un nuevo impulso.
Quiero dar las gracias a
todos mis compañeros por ayudarme a mejorar poco a poco y especialmente
a Jordi y Javi, por aguantarme en los momentos de flaqueza y desánimo y
darme su apoyo para continuar, y a Bruno Balaguer, mi maestro, por
inspirarme sin palabras, solo con su actitud, convertirse con su
ejemplo en el referente donde apunta mi brújula de guerrero, por su
convicción, dedicación y amor por el aikido. Gracias por hacer de mi un
aikidoka.
Categorías:
Ensayos de opinión,
Exámenes de grado
miércoles, 18 de octubre de 2017
Caer y levantarse
Hace casi tres años descubrí a este gran club y con él, la verdadera
esencia del Aikido. El comienzo fue muy duro físicamente para mí, dada
la vida tan sedentaria que tenía desde hacía unos años. La motivación
que me hizo dar el paso de formar parte de esta gran familia fue el
texto escrito por nuestra compañera Encarni sobre sus sentimientos
vividos en su superación personal y la victoria contra el propio miedo,
la vergüenza y el dolor. Me alegra haber podido realizar este
descubrimiento que me ha marcado tan positivamente en mi vida, ahora no
concibo una vida sin el Aikido.
La primera prueba a la que asistí fue la de Fran, aprendí que no sólo es una prueba física, también influye la motivación, la lucha contra uno mismo, el poder de la mente, la fuerza que somos capaces de expresar y la resistencia a la derrota.
Pero ninguna palabra transmite las sensaciones que se viven en la prueba de la Hakama. El miedo, el dolor, la vergüenza y la sensación de abatimiento no se pueden describir. Caer y levantarse, caer otra vez y otra, en un bucle que no parece tener fin. Con tu mente en contra y el fracaso siempre presente, descubres que estás solo. Te duele el cuerpo y apenas puedes respirar, pero al final te levantas e intentas mantener la marcialidad, en un combate interminable contra uno mismo.
Me siento orgulloso de haber llegado hasta aquí, es un honor. Tengo un largo camino por recorrer en esta disciplina única como ninguna. Gracias a mis compañeros por todo lo que aportáis: apoyo, amistad, ejemplo de superación y por supuesto a mi Maestro, gracias por todo lo que he aprendido a tu lado y sobre todo por creer en mí. He descubierto que mi mayor enemigo era yo mismo y he vencido.
Jordi Ribera Capellino
La primera prueba a la que asistí fue la de Fran, aprendí que no sólo es una prueba física, también influye la motivación, la lucha contra uno mismo, el poder de la mente, la fuerza que somos capaces de expresar y la resistencia a la derrota.
Pero ninguna palabra transmite las sensaciones que se viven en la prueba de la Hakama. El miedo, el dolor, la vergüenza y la sensación de abatimiento no se pueden describir. Caer y levantarse, caer otra vez y otra, en un bucle que no parece tener fin. Con tu mente en contra y el fracaso siempre presente, descubres que estás solo. Te duele el cuerpo y apenas puedes respirar, pero al final te levantas e intentas mantener la marcialidad, en un combate interminable contra uno mismo.
Me siento orgulloso de haber llegado hasta aquí, es un honor. Tengo un largo camino por recorrer en esta disciplina única como ninguna. Gracias a mis compañeros por todo lo que aportáis: apoyo, amistad, ejemplo de superación y por supuesto a mi Maestro, gracias por todo lo que he aprendido a tu lado y sobre todo por creer en mí. He descubierto que mi mayor enemigo era yo mismo y he vencido.
Jordi Ribera Capellino
Categorías:
Ensayos de opinión,
Exámenes de grado
lunes, 11 de septiembre de 2017
Aikido niños
El próximo domingo 17 de septiembre de 10h a 12h abrimos las puertas del Club Aikido Alcoy para todos aquellos niños que quieran probar este Arte Marcial.
Compañerismo, concentración, respeto, autocontrol, si buscas estos valores para tu hijo ven y prueba, te esperamos en el polideportivo Francisco Laporta.
Compañerismo, concentración, respeto, autocontrol, si buscas estos valores para tu hijo ven y prueba, te esperamos en el polideportivo Francisco Laporta.
#aikido #aikido_kids #aikido_infantil #aikikai #aetaiki #actividades#alcoy #alcoi #budo #artes_marciales #defensa_personal #infantil#niños #jóvenes #regidoriadesportsalcoi #ajuntamentalcoi#polideportivofranciscolaporta #Aikidoymuchomás
jueves, 11 de mayo de 2017
Homenaje a José Balaguer 2017
“El Montdúver: entre la Valldigna i la Safor”
Montdúver, 841 m
Eixida: Dissabte 20 de Maig a les 8,30h a la Gasolinera Bou
(entrada d’Alcoi).
Equipatge: Calçat, roba esportiva del club (preferentment), aigua i bocata, i per al dinar el que cregueu.
Durada: 3 hores i mitja.
Nivell de dificultat: Baix-mitjà.
Equipatge: Calçat, roba esportiva del club (preferentment), aigua i bocata, i per al dinar el que cregueu.
Durada: 3 hores i mitja.
Nivell de dificultat: Baix-mitjà.
Salida: Sábado
20 de mayo a las 8,30 en la gasolinera Bou (entrada de Alcoy).
Equipaje:
Calzado, ropa deportida del Club (preferentemente), agua y bocata, y para comer
lo que creáis.
Duración: 3
horas y media.
Nivel
de dificultad: Bajo-medio.
El primer que cal destacar del nom del cim és, precisament, les diferents denominacions que rep: Montdúber, Montdúver, Mondúber i Mondúver. Per a mi, la correcta és la més valenciana: Montdúver o bé Mondúver. En la foto es veu ple de neu, cosa poc habitual però probable, donat que estem en comarques la Safor i la Valldigna, d’un nivell de pluges molt elevat. Esperem que les boires marines ens deixen vore l’esplèndid espectacle que apareix en la serigrafia, ubicada al final del text, que potser pertany a alguna edició del llibre de Cavanilles. El Montdúver i les terres de la Valldigna i la Safor han estat habitades des de ben lluny. Els neandertals ja xafaren estes terres, per la seua abundància en caça, pesca i espècies vegetals amb fruit; de fet, als peus del Montdúver està el centre d’interpretació de la Cova del Parpalló. El bosc mediterrani ens envolta, però no tant com toca, perquè malauradament els incendis l’han perjudicat molt. Voreu pins dels dos tipus, el carracs i crec que també pinastre. També hi trobareu l’estepa blanca i la rosa, la maçanella borda, el romer i el romer mascle. Les espècies vegetals ens indiquen el clima subhumit de la serra i la seua bondat climàtica per a elles (les plantes) i la seua reproducció. Recordem que estem en terres de la Valldigna, que ix a la Safor (baixa) per Barx (Barig). La ruta dels Monestirs ens queda als peus i a l’oest, camí que tots els valencians hem de fer, com els àrabs el fan a la Meca.
L’excursió que farem és curta i la dificultat mitjana; hi ha pendent però la farem “espaiet”. Recordeu portar aigua abundant (és solana), i calçat i roba esportiva, preferentment roba del Club: samarreta, barret, etc. L’excursió d’anada i tornada des del punt d’eixida són uns 7 quilòmetres, és a dir, 3,5km d’anada i els mateixos de tornada. Per als “samurais” del club, tranquils, perquè no dona temps a usar el bokken. Els xiquets pillaran la davantera i fins i tot aniran per les travesses, i arribaran com sempre els primers. El dinar serà en l’àrea recreativa de la Font de la Drova, i allí cadascú portarà un menjar més o menys elaborat, però agraït. Ens vegem allí per a estar amb Jose una altra vegada.
El primer que cal destacar del nom del cim és, precisament, les diferents denominacions que rep: Montdúber, Montdúver, Mondúber i Mondúver. Per a mi, la correcta és la més valenciana: Montdúver o bé Mondúver. En la foto es veu ple de neu, cosa poc habitual però probable, donat que estem en comarques la Safor i la Valldigna, d’un nivell de pluges molt elevat. Esperem que les boires marines ens deixen vore l’esplèndid espectacle que apareix en la serigrafia, ubicada al final del text, que potser pertany a alguna edició del llibre de Cavanilles. El Montdúver i les terres de la Valldigna i la Safor han estat habitades des de ben lluny. Els neandertals ja xafaren estes terres, per la seua abundància en caça, pesca i espècies vegetals amb fruit; de fet, als peus del Montdúver està el centre d’interpretació de la Cova del Parpalló. El bosc mediterrani ens envolta, però no tant com toca, perquè malauradament els incendis l’han perjudicat molt. Voreu pins dels dos tipus, el carracs i crec que també pinastre. També hi trobareu l’estepa blanca i la rosa, la maçanella borda, el romer i el romer mascle. Les espècies vegetals ens indiquen el clima subhumit de la serra i la seua bondat climàtica per a elles (les plantes) i la seua reproducció. Recordem que estem en terres de la Valldigna, que ix a la Safor (baixa) per Barx (Barig). La ruta dels Monestirs ens queda als peus i a l’oest, camí que tots els valencians hem de fer, com els àrabs el fan a la Meca.
L’excursió que farem és curta i la dificultat mitjana; hi ha pendent però la farem “espaiet”. Recordeu portar aigua abundant (és solana), i calçat i roba esportiva, preferentment roba del Club: samarreta, barret, etc. L’excursió d’anada i tornada des del punt d’eixida són uns 7 quilòmetres, és a dir, 3,5km d’anada i els mateixos de tornada. Per als “samurais” del club, tranquils, perquè no dona temps a usar el bokken. Els xiquets pillaran la davantera i fins i tot aniran per les travesses, i arribaran com sempre els primers. El dinar serà en l’àrea recreativa de la Font de la Drova, i allí cadascú portarà un menjar més o menys elaborat, però agraït. Ens vegem allí per a estar amb Jose una altra vegada.
***
Lo primero que hay que
destacar del nombre de la cima es, precisamente, las diferentes denominaciones
que recibe: Montdúber, Montdúver, Mondúber y Mondúver. Para mí, la correcta es
la más valenciana: Montdúver o Mondúver. En la foto se ve lleno de nueve, cosa
poco habitual pero probable, dado que estamos en las comarcas de la Safor y la
Valldigna, de un nivel de lluvias muy elevado. Esperamos que las brumas marinas
nos dejen ver el espléndido espectáculo que aparece en la serigrafía, ubicada
al final del texto, que puede ser pertenezca a alguna edició del libro de
Cavanilles. El Montdúver y las tierras de la Valldigna y la Safor han estado
habitadas desde hace mucho tiempo. Los neandertales ya pisaban estas tierras,
por su abundancia de caza, pesca y especies vegetales con fruto; de hecho, a
los pies del Montdúver está el centro de interpretación de la Cueva del
Parpalló. El bosque mediterráneo nos envuelve, pero no tanto como debería,
porque desgraciadamente los incendios la han perjudicado mucho. Veréis pinos de
los dos tipos, el carrasco y creo que también el ródeno. También encontraréis
la jara blanca y la rosa, el manzano borde, el romero y el romero macho. Las
especies vegetales nos indican el clima subhúmedo de la sierra y su bondad
climática para las plantas y su reproducción. Recordemos que estamos en tierras
de la Valldigna, que salen a la Safor (baja) por Barx (Barig). La ruta de los
Monasterios queda al pie y al oeste, camino que todos los valencianos hemos de
hacer, como los árabes lo hacen a la Meca.
La excursión que haremos es
corta y la dificultad media; hay pendiente, pero la haremos “despacico”. Recordad traer agua
abundante (es solana), y calzado y ropa deportiva, preferentemente ropa del
Club: camiseta, gorra, etc. La excursión de ida y vuelta desde el punto de
salida son unos 7 kilómetros, es decir, 3,5 km de ida y los mismos de vuelta.
Para los “samuráis” del Club,
tranquilos, porque no dará tiempo a usar el bokken.
Los niños cogerán la delantera e incluso irán por los atajos, y llegarán como
siempre los primeros. La comida será en el área recreativa de la Font de la
Drova, y allí cada uno traerá una comida más o menos elaborada, pero
agradecida. Nos vemos allí para estar con Jose una vez más.
Por Antonio
martes, 7 de marzo de 2017
Una de cal y otra de arena / Sinfonía de colores
Aquí os dejamos dos crónicas del pasado curso de Octavio de la Mata y Bruno Balaguer. Como podréis leer, el curso dio mucho de sí...
Fraguando, junto con el agua, la dureza del mortero, su función, para lo que ha sido concebido y su efectividad. Algo parecido podría decirse de este curso.
El pragmatismo de Octavio es indiscutible. Sus técnicas son sinceras, desnudas de formalismos innecesarios y desprovistas de florituras. Práctico, directo y efectivo son las palabras que describen su aikido. Gestiona el centro, la distancia, un buen desplazamiento, un buen desequilibrio, armoniza con aite… pilares para un movimiento nada ostentoso, llano y terriblemente efectivo. Es capaz de transmitirte el peligro de un ataque de cuchillo y la tensión tranquila que es necesaria para poder neutralizar un ataque de esta naturaleza. Octavio es sincero en sus técnicas, y así las propone y así las pide. El ataque debe ser sincero, real, funcional y TORI debe desenvolverse del mismo modo, de forma sincera, percibiendo la seriedad de la situación pero actuando sin brusquedades, sin tensiones y con una continua sensación de control de la situación. Para este control, para esa unión con AITE es fundamental el MAI-AI, la correcta gestión de la distancia, del espacio. Hay que armonizar esa distancia con el uke. Sea cual sea la técnica que empleemos espontáneamente, la funcionalidad de la misma dependerá del adecuado posicionamiento y gestión del espacio y distancia. Más claro agua, transparente como Octavio.
Bruno por su parte hizo hincapié en el AI, la armonía con el AITE; el agresor no debe percibir que ya está derrotado antes siquiera de establecer contacto con tori, antes siquiera de decidir como va a atacar. Es tori el que realmente toma la iniciativa al establecer su ventaja con un leve desplazamiento de los pies, con un suave giro de caderas, con una ligera inversión de sus muñecas. Este pequeño posicionamiento inicial es fundamental según Bruno, y lo mas importante es que no debe ser agresivo con uke, las dos fuerzas-energías deben fundirse para arrastrar entonces a AITE hacia su derrota sin que lo perciba, hasta que ya es demasiado tarde para él. Esperar a que uke decida cómo atacar y dejarlo hacer sin tomar esa sutil ventaja inicial es un error. Y por supuesto también es un error dejar que se rompa ese escurridizo contacto y conexión con aite que debe continuar; no hay que dejar que se rompa ese “hilo” invisible que nos une a AITE y que hace que nos movamos al son con él. Es un concepto sutil y unas sensaciones de alto nivel.
Ambos maestros enseñaron que ante la diversidad de ataques con los que nos puede agreder uke, son fundamentales una breve anticipación, un adecuado reposicionamiento, una distancia adecuada (MAI-AI) y una medida sincronización con aite (AI). Pocos conceptos pero muy importantes y mucho trabajo que hacer para gestionarlos correcta y simultáneamente. Los dos se completan, son dos ángulos desde el que observar y analizar el Aikido, pero que se unen y complementan para dar efectividad a este maravilloso arte marcial.
Esperemos poder seguir disfrutando de las enseñanzas de estos dos maestros en simbiosis en Alcoy durante muchos años más.
Se funden a las puertas de la primavera en una misma melodía dos principios básicos y esenciales del budo, dos principios atraídos que bailan al mismo son. Dos elementos imprescindibles llevados a la práctica.
Comenzamos el estudio no sin antes adentrarnos hasta lo más profundo de nosotros mismos, interiorizando y buscando nuestra paz interior para preparar el camino.
Bruno nos apacigua, para llevar la furia intrínseca del budoka a un crecimiento personal, a un estudio individualizado con la finalidad de adherirnos a nuestros semejantes, tratándose así de una sinfonía armoniosa, deleitable a la vista, tan efectiva en la ejecución de la práctica que se puede apreciar una fusión de budokas. El ai.
Esa preparación conlleva una buena respiración, un contacto con nuestra propia alma, un ko y un kyu, un espirar y un inspirar correcto para llevar a cabo la maestría en nuestros movimientos. Tales, apreciados en la práctica de Bruno, mostrándonos el control fundamental de la respiración, la calma en sus técnicas ejecutadas con decisión, como si escribiera una sinfonía, una sonata para la orquesta, para nosotros, queriendo transmitir esa coordinación, esa velocidad y ese equilibrio que da el kokyu para tratar de llegar a ser tori y uke en un unísono armonioso.
La canción suena si entre las notas existe una buena relación entre el espacio y el tiempo, si hay armonía en la ejecución del primer movimiento, el más importante, y que nos muestra a la perfección Octavio.
La orquesta continúa labrando camino en el tatami mediante las técnicas propuestas por Octavio, que deleitan nuestros oídos en la composición donde se aprecia exactamente ese ma-ai, tan imprescindible en la práctica del budoka para no convertirnos de tori a uke en un instante.
Así, fue una práctica sin precedentes, un curso que se esfumó en un abrir y cerrar de ojos dejándonos un muy buen sabor de boca donde interpretamos lo que los directores de orquesta compusieron, fieles a su kamae analizando cada secuencia de movimientos. Un trabajo que refleja muy bien el estado de su estudio.
De esta manera y para años venideros, esperaremos la llegada cercana de la primavera para poder seguir disfrutando del compás en forma de técnica que estos dos maestros ponen a nuestra merced. Octavio de La Mata y Bruno Balaguer.
Una de cal y otra de arena
Fraguando, junto con el agua, la dureza del mortero, su función, para lo que ha sido concebido y su efectividad. Algo parecido podría decirse de este curso.
El pragmatismo de Octavio es indiscutible. Sus técnicas son sinceras, desnudas de formalismos innecesarios y desprovistas de florituras. Práctico, directo y efectivo son las palabras que describen su aikido. Gestiona el centro, la distancia, un buen desplazamiento, un buen desequilibrio, armoniza con aite… pilares para un movimiento nada ostentoso, llano y terriblemente efectivo. Es capaz de transmitirte el peligro de un ataque de cuchillo y la tensión tranquila que es necesaria para poder neutralizar un ataque de esta naturaleza. Octavio es sincero en sus técnicas, y así las propone y así las pide. El ataque debe ser sincero, real, funcional y TORI debe desenvolverse del mismo modo, de forma sincera, percibiendo la seriedad de la situación pero actuando sin brusquedades, sin tensiones y con una continua sensación de control de la situación. Para este control, para esa unión con AITE es fundamental el MAI-AI, la correcta gestión de la distancia, del espacio. Hay que armonizar esa distancia con el uke. Sea cual sea la técnica que empleemos espontáneamente, la funcionalidad de la misma dependerá del adecuado posicionamiento y gestión del espacio y distancia. Más claro agua, transparente como Octavio.
Bruno por su parte hizo hincapié en el AI, la armonía con el AITE; el agresor no debe percibir que ya está derrotado antes siquiera de establecer contacto con tori, antes siquiera de decidir como va a atacar. Es tori el que realmente toma la iniciativa al establecer su ventaja con un leve desplazamiento de los pies, con un suave giro de caderas, con una ligera inversión de sus muñecas. Este pequeño posicionamiento inicial es fundamental según Bruno, y lo mas importante es que no debe ser agresivo con uke, las dos fuerzas-energías deben fundirse para arrastrar entonces a AITE hacia su derrota sin que lo perciba, hasta que ya es demasiado tarde para él. Esperar a que uke decida cómo atacar y dejarlo hacer sin tomar esa sutil ventaja inicial es un error. Y por supuesto también es un error dejar que se rompa ese escurridizo contacto y conexión con aite que debe continuar; no hay que dejar que se rompa ese “hilo” invisible que nos une a AITE y que hace que nos movamos al son con él. Es un concepto sutil y unas sensaciones de alto nivel.
Ambos maestros enseñaron que ante la diversidad de ataques con los que nos puede agreder uke, son fundamentales una breve anticipación, un adecuado reposicionamiento, una distancia adecuada (MAI-AI) y una medida sincronización con aite (AI). Pocos conceptos pero muy importantes y mucho trabajo que hacer para gestionarlos correcta y simultáneamente. Los dos se completan, son dos ángulos desde el que observar y analizar el Aikido, pero que se unen y complementan para dar efectividad a este maravilloso arte marcial.
Esperemos poder seguir disfrutando de las enseñanzas de estos dos maestros en simbiosis en Alcoy durante muchos años más.
Marco A. Montava Belda
Sinfonía de colores
Se funden a las puertas de la primavera en una misma melodía dos principios básicos y esenciales del budo, dos principios atraídos que bailan al mismo son. Dos elementos imprescindibles llevados a la práctica.
Comenzamos el estudio no sin antes adentrarnos hasta lo más profundo de nosotros mismos, interiorizando y buscando nuestra paz interior para preparar el camino.
Bruno nos apacigua, para llevar la furia intrínseca del budoka a un crecimiento personal, a un estudio individualizado con la finalidad de adherirnos a nuestros semejantes, tratándose así de una sinfonía armoniosa, deleitable a la vista, tan efectiva en la ejecución de la práctica que se puede apreciar una fusión de budokas. El ai.
Esa preparación conlleva una buena respiración, un contacto con nuestra propia alma, un ko y un kyu, un espirar y un inspirar correcto para llevar a cabo la maestría en nuestros movimientos. Tales, apreciados en la práctica de Bruno, mostrándonos el control fundamental de la respiración, la calma en sus técnicas ejecutadas con decisión, como si escribiera una sinfonía, una sonata para la orquesta, para nosotros, queriendo transmitir esa coordinación, esa velocidad y ese equilibrio que da el kokyu para tratar de llegar a ser tori y uke en un unísono armonioso.
La canción suena si entre las notas existe una buena relación entre el espacio y el tiempo, si hay armonía en la ejecución del primer movimiento, el más importante, y que nos muestra a la perfección Octavio.
La orquesta continúa labrando camino en el tatami mediante las técnicas propuestas por Octavio, que deleitan nuestros oídos en la composición donde se aprecia exactamente ese ma-ai, tan imprescindible en la práctica del budoka para no convertirnos de tori a uke en un instante.
Así, fue una práctica sin precedentes, un curso que se esfumó en un abrir y cerrar de ojos dejándonos un muy buen sabor de boca donde interpretamos lo que los directores de orquesta compusieron, fieles a su kamae analizando cada secuencia de movimientos. Un trabajo que refleja muy bien el estado de su estudio.
De esta manera y para años venideros, esperaremos la llegada cercana de la primavera para poder seguir disfrutando del compás en forma de técnica que estos dos maestros ponen a nuestra merced. Octavio de La Mata y Bruno Balaguer.
Fran Gómez.
Más fotos aquí: https://goo.gl/photos/fkdppyfFZTVYkTmD8
martes, 21 de febrero de 2017
ETERNOS PEREGRINOS
Qué nos transmitieron Tomas y Octavio en
este curso: que no se puede hablar de crecimiento y evolución, el gran salto a
SANDAN, si con ello nos estamos refiriendo a un proceso pasivo y automático. Que, por el contrario, debemos poner énfasis en la continua actividad y en el
continuo entrenar, lo que nos llevará a
desarrollar una energía vital constructiva que mejorará nuestra técnica,
y se trasladará a un crecimiento marcial.
El Maestro nos dejó claro que con el paso a SANDAN se pueden producir dos procesos o fases: construcción o destrucción. Una es la de asegurar el nuevo estatus como un punto de reposo de carácter definitivo, con ausencia de toda transformación, o sea, tendencia a la cristalización. La otra es un impulso hacia un flujo continuo, hacia una mutación permanente. Esta última es la vía a seguir, un camino ascendente que tiene su origen pero nunca un final.
El Maestro nos dejó claro que con el paso a SANDAN se pueden producir dos procesos o fases: construcción o destrucción. Una es la de asegurar el nuevo estatus como un punto de reposo de carácter definitivo, con ausencia de toda transformación, o sea, tendencia a la cristalización. La otra es un impulso hacia un flujo continuo, hacia una mutación permanente. Esta última es la vía a seguir, un camino ascendente que tiene su origen pero nunca un final.
Tomás Shihan trabajó con fundamentos y los convirtió en suyos, pero eso sí, con el centro, el corazón y el alma hacía fuera, transformándolos en un conjunto, en un organismo unificado, mutando así los sonidos en partitura, y la partitura en arte. Con este trabajo consiguió derramar sustancia interior, y pudimos sentir inconscientemente como su desarrollo técnico funciona de acuerdo a determinadas leyes; la austeridad de las formas, el realismo en su factura, el metsuke sereno, el kamae centrado.
Cualquier movimiento que se desvíe del camino de la austeridad lleva a un callejón sin salida. De esta forma consigue poner rostro a la técnica y llenarla de sentido, haciendo que el espectador sea capaz de percibir las emociones que libera al ejecutar la técnica despojado ya de la tiranía autómata que nos esclaviza, y transformar esos milenarios elementos; de ELLOS para él, y a través de Él a nosotros.
En definitiva consiguió martillear nuestros sentidos, logró que el aikido palpitará en nuestras manos, con él nos dejó su aliento, sus anhelos, sus ilusiones y un tajo marcial que rasgó nuestro interior.
El aikido es:
expresión de movimiento, centro, instante,
metsuke que trasciende,
esencia que retiene,
kamae que centra y ejecuta,
el espíritu de una pasión.
Tomás y Octavio; gracias por transmitirla
junto a la ilusión de compartirla.
En cuanto a Octavio que decir, maestro
también de nuestra casa, fue sonido de alto voltaje que sirvió para preparar la
mente y el cuerpo a un encuentro con los diablos interiores que nos devoran: el
tribunal, el examen, los nervios, nuestro uke, nosotros mismos. Una preparación
dura que paseó por nuestro interior encontrándose con nuestros límites, y
llegando a lugares que despertaron el trabajo de años, sudor y esfuerzos.
Centró su discurso en una propuesta novedosa, una aproximación a la técnica desde el kamae, lo que significa fundirse con la gravedad misma, un duro y penoso sendero que conduce a profundizar en el conocimiento de tu cuerpo pero que nos ayuda a liberarnos de nociones como fuerza y espacio.
Su kamae refleja un centro sólido del que
emanan técnicas complejas y efectivas que transmiten tranquilidad.
Para él es muy importante la utilización de un centro estable y armónico, como también lo es la manifestación de la potencia en el kamae.
Hemos podido disfrutar de lo mejor de los dos maestros, un SHIHAN y su alumno directo, una gratificante respuesta a las muchas dudas acumuladas durante años, dando un nuevo significado a los conceptos que teníamos de eficacia y eficiencia, labrando de esta forma un camino libre de obstáculos.
No nos despedidos sin el recuerdo, sin manifestar la enorme deuda de gratitud, el afecto y el cariño que sentimos por nuestro maestro Bruno Balaguer. Él, que siempre estuvo ahí, más que nosotros, empujando, tirando de entre los huesos, de nuestros corazones, puliendo sonidos que conocía a través de eternas escuchas, nunca cansado, siempre exigente. ES HISTORIA DE NUESTRA HISTORIA, caminando juntos por una aventura donde todo es posible.
También a todo el Club, en especial a los muchos que nos acompañaron en este larguísimo viaje, una lealtad que no se olvida. GRACIAS.
Al tribunal también gracias por vuestra benevolencia. Se recompensará con sudor y esfuerzo. Nos habéis abierto nuevos caminos, otras formas de viajar por el sendero del BUDO, con los sentidos expectantes y la mente abierta, y el corazón, el corazón siempre a punto.
X Julio Maestre
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