domingo, 8 de marzo de 2015

UNA PRAXIS A SEGUIR


Durante el curso el maestro Bruno nos transmitió la idea del reduccionismo del gesto, de la técnica escueta, pues dicho acto minimalista potencia la capacidad de reacción, y desencadena una secuencia de movimientos, estéticamente bellos y marcialmente poderosos, mediante unas formas geométricamente simples que sugieren una acción sin distinción, entre dentro y fuera, entre cuerpo y mente.
Esta propuesta la sintetizó desde el mismo momento de entrar al tatami, donde cada gesto es analizado, donde tu espacio ha de ser respetado, donde tu comportamiento ha de ser irreprochable, no se admiten errores en la etiqueta, pues la estética influye en la técnica.
Nos transmitió la idea de poseer un sentimiento de la distancia, del rango adecuado, de los distintos ángulos y grados de trabajo, en definitiva de una determinada visión del conjunto a la hora de realizar cada movimiento. Matizando en que un sentimiento, una sensación, se transforma inmediatamente en una acción, una acción que se ejecuta a través de un movimiento técnico mediante un proceso creativo y estético, que tiene como verdad absoluta la efectividad que nos permite superar la agresión.   
En cuanto al maestro Octavio, empezó y acabó el curso con la idea interesantísima del kokyunage, la ejecución de la técnica deja de considerar justificada la necesidad del uso de la fuerza y tiende a sustituirla por un adecuado uso de la apertura y cierre de la cadera, dotándola de un nuevo gesto, de un nuevo significado.
Los movimientos han sido analizados a través del uso sugerente de los ángulos y las formas, incidiendo sobre todo en el uso adecuado del irimi
El maestro proyecta la técnica con un gesto admirable y lógico para nuestra percepción, entrando a través de los sentidos y  quedando plasmados en los recuerdos. De esta forma podemos interiorizar la técnica y adaptarla a nuestros conocimientos, a nuestro cuerpo y a nuestro carácter. Octavio no se encierra en conceptos teóricos sino que los ejemplifica y transmite en sus diversas variantes, produciendo un hilo comunicador, siempre novedoso e innovador, invitándonos a reflexionar sobre los aspectos más profundo del budo.
Sus enfoques técnicos, son tan esencialistas que plantean la técnica como algo vivo que nace en el momento preciso y en las que casi no hace falta el hombre,  sino “EL MOMENTO”, con lo que consigue imprimir un valor añadido, la inmediatez, y por tanto, su exigencia de honradez; de otra forma, la técnica se serviría de argucias y engaños, falseando la realidad, con sus constantes rectificaciones (y sobre esto, incidieron tanto Octavio como Bruno) conseguiríamos un Aikido de cocina, pero con esta propuesta logra romper el engaño y sumergirnos en la realidad del arte de combate, donde el éxito radica, en esos gestos escuetos, tanto durante la ejecutoria como en la tramitación de la técnica.
Y esto es así, hasta el extremo de que suele desplazar otros valores propios del Aikido en aras de la síntesis. Así pues, se nos presenta como una ejecución excelente que captura el momento y pone de manifiesto una realidad técnica sin disimulos desprovista de ego, de tal forma que un año más nos consigue impactar.  
Las conclusiones sustraídas durante el curso, no son definitivas ni concluyentes, sino enriquecedoras y abiertas a nuevas experiencias y a futuras contribuciones, es un trabajo enriquecedor y prolongado en el tiempo, no es finito sino intemporal.
Desde esta página queremos agradecer tanto a Octavio como a Bruno el que con este tercer curso estén logrando forjar una praxis, un hábito que nos guía durante el día a día del aikido, y durante ese largo trayecto que es el Camino.
Un acto especialmente emotivo fue la entrega del certificado oficial del Hombu Dojo en su calidad de grado GODAN, por parte del Presidente de AETAIKI-AIKIKAI DE ESPAÑA, Octavio de la Mata a Bruno Balaguer, nuestra más sincera enhorabuena MAESTRO. 
Y a todos los compañeros, tanto locales como foráneos, gracias por hacer de estos cursos un proyecto de futuro consolidado y de éxito, tanto por el elevado número de asistentes, como por su calidad humana y técnica, a todos, MUCHAS GRACIAS.

          X Julio Maestre.




viernes, 6 de febrero de 2015

Curso Nacional de Aikido Octavio de la Mata 6ºDan y Bruno Balaguer 5ºDan


lunes, 2 de febrero de 2015

EL ALIENTO DEL AIKI NO KEN


Es difícil evaluar técnicamente un curso sobre un tema que no se conoce en profundidad, pero como fue planteado más para sentir y experimentar sensaciones,  que para dominar conceptos técnicos, es sobre sentimientos y sensaciones de  lo que voy a hablar.

Fue un curso de sable pensado para aplicarlo a las técnicas de aikido y fue a través del sable donde incubó un mundo de movimientos, conceptos, formas y sentimientos que se aplicaban a través de cada corte, de cada gesto, no importaba la técnica pues es imposible aprenderla en un solo curso, sino la sensación del acto de desenvainar y de cortar, y de la unidad que se produce con el sable y con el momento.

Nos pidió libertad de espíritu y de mente, lo que a su vez nos llevaría a la libertad de pensamiento y al culto al momento presente, donde acción y consecuencia forman un solo instante. Estableció como fuentes de inspiración el equilibrio y la serenidad, subordinando la técnica a la geometría  de todas las partes; mente, cuerpo y espíritu se han de unir con el sable, sin esa idea se produce una ruptura esencial, en la que deja de existir el ken, donde desaparece el iai, y el gesto realizado queda fuera de los límites del budo, puede quedar como algo estético, pero carente de sentido marcial, carente de vida.

No se trató de una simple exhumación de las artes antiguas japonesas, sino del interés por su espíritu y sus consecuencias, encaminados a la hechura de que cada técnica de sable enseñada tenía su homologo en las técnicas de aikido, y que era esa sensación la que había que vivir, la que teníamos que experimentar y la que posteriormente tendríamos que trabajar.

Se trataba de minimizar el gesto, de controlarlo en tu centro y hacerlo pequeño, para desde ahí expandirlo y hacerlo presente. Lo interior busca la luz y quiere hacerse real, es ahí donde la técnica adquiere emoción y movimiento y donde se traduce en expresión y realismo, otorgando gracia y soltura al acto realizado.

La dulzura y a su vez la fuerza del corte, el dibujo irreprochable que adquiere la figura cuando se mueve al unísono con el sable, ya justifican cada hora dedicada al estudio de la espada y las horas dedicadas a este curso.

El ma-ai, el centro, los desplazamientos, el irimi, todo es diferente y a la vez igual en el aikido, los diversos momentos presentes se consolidan de forma distinta según tengas sable o no, pero se modelan igual y tienen un mismo origen, que es el génesis de toda acción, trasladar el modelo genético de la madre al hijo, de eso trato el curso, UN KEN PARA EL AIKIDO.

En cuanto a Fernando gracias por un curso perfectamente estructurado, por lo bien que llevo el mismo, por su paciencia con tanto profano y por la dedicación que tuvo con todos. En cuanto a los compañeros gracias por vuestro entusiasmo, pues es contagioso.

X    Julio Maestre